
¡Tengo miedo!
Posteado por Iván Leguizamón el 14/09/2009 - 25 Comentarios - 3648 visitasEn las últimas semanas escuchamos con frecuencia que varios países de Sudamérica están iniciando una carrera armamentista “para defender sus intereses”. Ante los pomposos anuncios de Brasil y Venezuela, que supuestamente pretenden instalar hasta bases nucleares, y como para no quedar relegado en los comentarios internacionales, el Paraguay, por medio de su propio presidente de la República, también analiza la posibilidad de “reforzar el Ejército nacional”.
Sin embargo, debo confesar que todo esto me asusta, pero no por temer a una eventual guerra o al famoso “principio del fin” del que se lee en el apocalípsis, sino porque con cada munición demás que nuestro país compre estará derrochando un dinero extraordinariamente necesario para, por lo menos, paliar el nivel de pobreza extrema que azota al 20% de la población y que cada día provoca la muerte de compatriotas a causa del hambre.
El censurador Hugo Chávez es, tal vez, el que analiza con más seriedad la posibilidad de dotar a su nación de potente armamento bélico. En un discurso de doble sentido, dijo que “Venezuela tiene la reserva de petróleo más grande del mundo y una ubicación geográfica envidiable para las potencias mundiales, como Estados Unidos”, y que por ello tiene derecho a defenderse de eventuales invasiones. ¡Está bien! Que Chávez haga lo que quiera con su pueblo, ya que este mismo se lo permite al callar ante las temerarias ideas del dictador.
Nuestro vecino Brasil tampoco queda muy relegado en la acelerada carrera armamentista en la región, ya que su Ejército lanzó un proyecto de renovación de su material militar por valor de 10.000 millones de dólares para la próxima década, solo dentro de la Marina y la Fuerza Armada.
Un “eterno enemigo”, Bolivia, con el que incluso ya luchamos por tres años en una contienda bélica en el Chaco, va a invertir nada menos que 65 millones de dólares solo para comprar helicópteros que sirvan en el combate contra la pobreza, el terrorismo y el narcotráfico, como dijo su canciller David Choquehuanca para desviar la atención acerca de las verdaderas intenciones de los gobernantes del “hermano” pueblo boliviano, quienes presuntamente pretenden instalar un poderoso destacamento militar en el frontera con nuestro país.
Entonces, si tenemos en cuenta solo a estos tres países latinoamericanos que detonaron la mecha de la destrucción al ostentar poderío bélico para garantizar sus aspiraciones, tendríamos que preocuparnos en cierto modo.
Pero ¿acaso mantenemos un conflicto internacional con algunos de estos países? ¿Son potenciales amenazas para el Paraguay? ¿Qué podrían quitarnos en una eventual guerra? La respuesta es obvia, nada.
Entonces, por qué nuestro propio Presidente considera la posibilidad de “reforzar el Ejército”. Es cierto, no tenemos suficientes y ni buenas armas, pero seamos coherentes.
Para qué invertir millones de dólares en la compra de material bélico, si irónicamente Paraguay es uno de los puntos de tránsito preferidos por los traficantes de armas.
En vez de gastar en vano en tanques, fusiles o ametralladoras para defendernos de los extranjeros, por qué no destinamos por lo menos parte de esos recursos en potenciar a la Policía y asegurarnos de nuestra propia paz interna, que tanta falta nos hace. Si ni siquiera podemos combatir contra los “delincuentes locales”, cómo pretenderemos armarnos para pelear contra otros países.
Son tantas las cosas que se me ocurren en las que podríamos invertir ese dinero destinado a la carrera armamentista nacional. Dar de comer a niños de la calle, construir aulas en escuelas, recategorizar el sistema educativo de las universidades, ayudar a los indígenas, fomentar fuentes de trabajo para disminuir el alto índice de desempleados, gastar en reparación de caminos, potenciar el turismo, entre otras urgencias que padecemos.
De todo esto, y dentro de mi pronunciada ignorancia, llegué a la conclusión de que nuestros gobernantes sí van a solucionar por lo menos el problema del hambre, aunque para ello tendrán que dar de comer municiones al pueblo. Es más, de postre servirán un “delicioso” helado de pólvora.
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